SAN JUAN DE LA CRUZ SESTEA EN EL PINAR DE ALMOROX
Primero, lo derrumbó el cansancio del camino,
la hoguera del sol en las cumbres.
Luego, lo despertó la pureza del aire
y, al entreabrir los ojos, observó allá en lo alto
un vuelo de cigüeñas.
Más tarde, la plegaria se abrió paso en su mente
como el agua se va abriendo paso
entre dos surcos ásperos.
(Hace años pasó por estas mismas sierras.
Entonces era invierno.
Con un cordel de esparto le llevaban
atadas las muñecas,
y los ojos vendados,
¡pero él cómo sentía el olor de la nieve!)
Ahora, cuánto estío.
Lo adormecen los grillos, las cigarras,
y ya no siente apenas el cuerpo entre los pinos.
Y, sin embargo, qué real la tierra
y qué mansa la piedra que tiene por almohada,
esta tumba de olvido en el pinar de la persecución.
¡Qué bien comprende el mundo en esta paz sublime!
Esperará a la noche
para sentir de nuevo la sed de los caminos,
esa honda sed del no saber sabiendo.
Para encontrar la senda extraviada
se adentrarán sus ojos en lo oscuro
como en maraña de espinos.

Antonio Colinas
Selección de poemas y versiones proporcionadas por Dina Posada.